jueves 29 de julio de 2010

En verano, no se por qué, se me ralentizan los bioritmos. Las consecuencias son más bien terribles, ya que se produce digamos una dicotomía entre cuerpo y mente que me recalienta la cabeza y me la estresa, hasta unos niveles que me cambian el carácter... A peor todavía.
No es que sea completamente desagradable, pero si que es complicado de negociar, ya que la cabeza quiere trabajar en "algo" y el cuerpo responde con una gran necesidad de tumbing, siesta, piscina...
Visto así seguiremos disfrutando y haciendo pequeños esfuerzos en no ser desagradable con los demás seres humanos que cohabitan y se encuentran conmigo.

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