En verano, no se por qué, se me ralentizan los bioritmos. Las consecuencias son más bien terribles, ya que se produce digamos una dicotomía entre cuerpo y mente que me recalienta la cabeza y me la estresa, hasta unos niveles que me cambian el carácter... A peor todavía.
No es que sea completamente desagradable, pero si que es complicado de negociar, ya que la cabeza quiere trabajar en "algo" y el cuerpo responde con una gran necesidad de tumbing, siesta, piscina...
Visto así seguiremos disfrutando y haciendo pequeños esfuerzos en no ser desagradable con los demás seres humanos que cohabitan y se encuentran conmigo.